Ana y Caro: “Mujeres al emprender generamos impacto”

Por Gabriela Verdugo Weinberger

Trawün Domo, en la cosmovisión mapuche, significa “encuentro de mujeres”. Espacios y momentos de conversatorio, que ponen en valor el entramado de sabiduría que conforman las mujeres. Una forma de hacer comunidad concebida por mujeres estableciendo relaciones de horizontalidad y de colaboración.

Actualmente, pareciera que en ocasiones, el ritmo de vida actual y sus frenéticas rutinas, nos hace olvidar estas costumbres ancestrales de muchos de nuestros pueblos originarios.

Pero existen ciertos rincones donde eso se está recuperando. O más bien desde donde se está conformando un nuevo rompecabezas de mujeres, con piezas de talento, que encajan en comunidad y que van dejando ver paisajes de nuevas ideas.

Eso es Merakiu.

Una plataforma que desarrolla ideas, da vida a proyectos y fomenta la estabilidad financiera de negocios de mujeres.

Merakiu tiene alma, propósito, sonrisa franca y toneladas de energía para impulsar toda iniciativa. Un lugar lleno de puentes, nos dirán luego sus creadoras. Un lugar para las valientes de cualquier lugar del mundo. Y es que Merakiu hoy es punto de encuentro para más de veinte mil mujeres apasionadas, tenaces, creativas, asertivas, soñadoras y emprendedoras en ámbitos diversos como diseño, moda, cultura, gastronomía, familia, sustentabilidad, negocios o salud, que hacen parte de una guía de negocios on line de más de 800 empresas de Colombia, España, Chile, Panamá, Reino Unido, Francia y Estados Unidos.

Tuvimos la suerte de conocer a sus fundadoras. Y decimos suerte porque quizás como a muchísimas mujeres les pasa, nos encontrábamos como equipo en un momento clave de grandes acciones y grandes tomas de decisión. Entonces recibir de ellas su experiencia y confianza, todo en el abrazo de sus sonrisas, fue una acogida alentadora que nos hizo sentir que somos capaces de mover a pulso mil locomotoras si es necesario.

Merakiu es la historia de dos mujeres que acudieron desde su Colombia natal a España por razones académicas, profesionales y personales.

Ana María Corredor y Carolina Galán Lozada, como en la sinopsis de un largometraje: dos mujeres que no se conocían cruzaron el atlántico, una casualidad les permitió conocerse y la convicción finalmente las unió de manera especial, como artesanas tallando la madera de miles de piezas de la comunidad que actualmente lideran.

“Veníamos de diferentes momentos personales. Yo era empresaria en Colombia y llegó un punto en que como familia nos planteamos que queríamos calidad de vida. Decidimos venir a Palma de Mallorca en España, porque toda mi familia materna es de aquí y nos encanta. Dijimos, es ahora o nunca y empacamos todo: la casa y el perro”, nos detalla Ana María.

Caro por su parte, nos cuenta que “decidí ir a estudiar un master de marketing a España. Me enamoré y me quedé en Palma de Mallorca. Me contrataron en una consultora internacional. Ayudando a innovar a grandes grupos y consorcios, me di cuenta de cuán bueno sería llevar potencial de crecimiento a empresas más pequeñas.”

La llegada a un nuevo país despertó en Ana María la necesidad de conocer a mujeres colombianas que, como ella, estuvieran lejos de su país. Un mensaje por redes sociales sería el gatillante del primer encuentro.

“Fue amor a primera vista” nos dice Ana María. Casi de inmediato evidenciaron que tenían las mismas inquietudes intelectuales, las mismas ideas sobre emprendimiento y el mismo ímpetu por crear.

Acordaron una pronta cita para empezar a trabajar en el desarrollo de un proyecto común.

Carolina y Ana María, sentadas frente a frente, tomaron las servilletas de la mesa que las reunía y escribieron sus propósitos y sueños.

Carolina anotó su experiencia como ingeniera y consultora, llevando exitosamente a empresas con estrategias de innovación y marketing.

Ana escribió su experiencia como politóloga en políticas públicas y creando empresas.

“Pronto nos dimos cuenta que ambas queríamos ayudar y financiar a mujeres a emprender a través de la innovación”, nos detalla Ana.

Carolina sonríe. Nos cuenta que “vimos que la única forma de hacer un cambio era construyendo red entre nosotras mismas. Construyendo nosotras mismas empresas que tuvieran en cuenta nuestras necesidades”.

Según consigna el Banco de Desarrollo para América Latina, “en América Latina y el Caribe sólo el 49% de las mujeres tienen una cuenta bancaria, el 11% ahorra y el 10% dispone de crédito, valores que para los hombres representan el 54%, 16% y 13% respectivamente”.

Datos que nos aterriza aun más Ana María quien nos explica que las “mujeres tenemos menos acceso a crédito en el mundo, tenemos tasas un 15% más altas, aunque somos un 7% menos morosas. De 100 mil euros que el sistema financiero tradicional destina a emprendimientos, solo el 27% financia proyectos de mujeres.”

Ese escenario adverso no hace más que redoblar los ánimos en Merakiu.

Como expresa Ana: “siempre he visto que a la mujer le cuesta el doble, como si estuviese obligada a tener que demostrar todo con más ahínco”.

Ana y Carolina recuerdan vívidamente los momentos complejos de tener que compatibilizar trabajo y maternidad.

Para Carolina, Lucía y Daniel hoy de siete y cinco años. Para Ana, Santiago con 21 años estudiando en el extranjero y su hija Aina de diez años.

Estar presentes, organizar tiempos respondiendo a sus necesidades personales y familiares, mejorar la calidad de vida de ellas y de sus familias. Ambas visualizaron objetivos como millones de mujeres desean en el mundo. Así se lanzaron a la idea increíble de edificar a Merakiu.

En esta andar, tener a sus parejas como puntales resultó fundamental, confirmando la premisa que indica que para lograr romper los paradigmas es necesario tener apoyo.

Hace ya dos años la idea tomó forma, y constituyeron la empresa. Un año más tarde lanzaron la plataforma de crowdfunding.

Carolina nos señala que “nos dimos cuenta que debíamos crear comunidades que estuvieran dispuestas a unirse a nosotras para alimentar esta financiación. Así creamos grupos en redes sociales y descubrimos grandes ansias por visibilizar lo que cada una estaba haciendo. Entonces hicimos un directorio para que todas se conocieran. Luego vino la etapa de educación y finanzas. Oyéndolas a ellas y respondiendo a sus necesidades, hemos co- creado Merakiu”.

Ana escucha atenta y profundiza. “Esto es un negocio hecho con pasión desde el corazón. Siempre hay puntos altos y bajos, pero si decides impulsar una idea que te encanta lo vas a seguir haciendo y superarás todos los baches. Eso se consigue en la medida que tu idea esté honestamente relacionada con el sentido de tu vida”.

Ambas concuerdan en que sacar adelante un emprendimiento tiene que ver con el plantearse una relación coherente con las habilidades blandas que cada quien posee.

“Las mujeres debemos asumir y sentir que somos excelentes fundadoras y eso se confirma en cifras, por ejemplo en España, el 58% de empresas lideradas por hombres fracasan en tres años. En el caso de empresas lideradas por mujeres, eso baja a menos del 30%. Esto ocurre porque no solo vemos rentabilidad, sino que también nos sentimos orgullosas y además generamos impacto”, indica Carolina.

En una era en que cada vez se aprecian más las empresas sociales, la economía naranja se les planteó a las fundadoras de Merakiu como un hábitat natural.

Ana nos indica que se trata de una economía que “busca que explotemos el máximo potencial de la gente, a través de lo que les hace felices, y eso es permitir expresar creatividad. En el mundo corporativo tradicional todo es jerárquico. En cambio si emprendo puedo explotar mi pasión, fortalecer una forma de comunicación más cercana, armando equipos de manera horizontal”.

Les preguntamos por las mayores satisfacciones que les ha reportado Merakiu.

Ana: “muchas veces mujeres que integran la comunidad nos dicen ‘gracias, si no fuera por Merakiu no habría crecido’. Pero sin duda la parte más bonita, que me llena el corazón, es que he ganado una amiga. Empezamos siendo socias y ahora somos amigas.” Una amistad que ha regalado amor hasta su hija, quien le dice con frecuencia, “yo voy a ser Merakiu”.

Carolina: “cada día te vas a dormir tranquila y plenamente orgullosa porque sabes que tu emprendimiento es algo bueno que le estás dando al mundo”.

Ambas hablan de Merakiu como si se tratase de algo con vida propia. Y no se equivocan. La esencia de ellas está reflejada en lo que hacen. Y esa luz especial acoge e irradia una certeza de poder ser invencible al momento de querer lograr algo.

Meraki es palabra griega que significa hacer las cosas con pasión y creatividad poniendo el alma en ello. Agregar una “u”, fue un guiño de sus creadoras para personalizar la palabra y de paso coger el dominio web.

Les preguntamos por las Mujeres Con Todas Las Letras de sus vidas.

Carolina nos responde “mi mamá es mi ídola. Una mujer emprendedora que supo balancear lo personal con lo profesional. Ella me decía que lo único que se tiene en la vida es amigos y crédito y que nunca debía perder eso, mi nombre.”

Ana agrega, “mi mamá y de manera especial mi abuela Elvira. Ella vivió en una época difícil y vivió apasionada, negándose a hacer las cosas tradicionales. Todo le entusiasmaba. Políticamente fue muy activa, fue de las primeras mujeres que tuvo cédula para votar en Colombia”.

La sonrisa de Carolina y Ana ha seguido intacta y franca durante toda la entrevista. Nos impresiona escuchar a Carolina cuando nos cuenta que en un trabajo le pidieron que no sonriera tanto, que debía ser más agresiva porque sino se mostraría como alguien susceptible.

Juntas, sintonizadas, jalan mutuamente sus fortalezas. Siempre hay un tú puedes entre ellas.

“Somos fuertes porque no estamos solas”, nos dice Carolina.

“De hecho el logo de Merakiu es una abstracción del tejido que tradicionalmente han trabajado mujeres colaborando entre sí”, agrega Ana.

Las imaginamos en el Trawün Domo, charlando sobre el futuro, tejiendo ideas, transmitiendo a otras mujeres, coraje, arrojo y entereza.

Mirándose a los espejos de sus anhelos alcanzados, nos cuentan qué atesoran de cada una:

“Carolina es apasionada, disciplinada, inteligente, brillante.”

“Ana es alegre y perseverante, buscadora de soluciones, nada le queda grande.”

Una vez más ambas sonríen.

“Trabajar en comunidad es aceptar que hay otras mujeres y que podemos convivir en positiva sinergia. Podemos ser las mejores aliadas”, precisa Carolina.

“Debemos unirnos para lograr lo que queremos como sociedad en términos de inclusión y crecimiento”, acota Ana.

Merakiu finalmente nos contagia la sonrisa. Hay una esperanza contenida en esta comunidad que nos habla de una sociedad amable y mejor. Con mujeres decididas liderando sus proyectos, con confianza en sus capacidades, con red de apoyo para hacer posible lo que se creía inalcanzable y sentando bases para la igualdad.

Porque unidas crecimos y unidas creceremos. Esa es la consigna. A desear más allá de los sueños. A permitir que nuestras habilidades tengan luz propia. Porque es tiempo de tomarnos de la mano y construir el tejido más fuerte que nunca vimos. Nuevos vientos nos esperan en los acantilados. Y ahí estaremos, poderosas y firmes como nunca. Haciendo honor a toda la fuerza que late en nuestra América Latina de Mujeres Con Todas Las Letras.