Benedicta, sabor y tradición en el corazón.

Por Andrea González Pacheco y Gabriela Verdugo Weinberger 

 

En Usme a poco más de veinte kilómetros de Bogotá, donde todo es montaña y verdes lomas, encontramos a Benedicta.

Lleva dos décadas y un poco más viviendo en Usme, antes lo hizo en Cali y antes aún en su Guapi natal.

“Nosotros vivíamos con mis cinco hermanos en Guapi, en el pacífico, un lugar maravilloso porque nos dio todo, nos dio mar, playa, río, montaña. No teníamos carro, pero usábamos potrillos, unos botes largos y pequeños, en que nos poníamos a bogar y navegábamos lejos, hasta donde queríamos.”

De sonrisa luminosa y maravillosa simpatía, Benedicta poco a poco se ha hecho conocida en Usme y en Bogotá por sus exquisitas bebidas artesanales.

Todo adjetivo es insuficiente para describir la experiencia de probar sus bebidas. Un sabor único encanta desde el primer sorbo.

“Esto viene de generación en generación, es tradición afro muy antigua. Mi mamá me decía a mi y mis hermanas, si ustedes aprenden a hacer estas bebidas podrán vivir de esto, para que no tengan que trabajar tanto fregándose en el monte”.

Benedicta ríe y suspira, el recuerdo de su madre Eva lo inunda todo.

Penúltima entre seis hijos, Benedicta recuerda su infancia y las amenas conversaciones que tenía junto a su madre, mientras la contemplaba moliendo frutas y hierbas entre piedras para preparar sus bebidas.

“La única que va a aprender a hacer estas bebidas será Benedicta. Eso decía siempre mi madre”.

Y al parecer Eva tenía razón.

“Mi mamá al morir nos dejó las recetas escritas a mi y a mis hermanas. Fue una sorpresa para mi. Cuando recibimos las recetas jamás me imaginé que iba a terminar haciendo todos los productos de mi mamá. Les dije a mis hermanas que nos uniéramos, pero ellas no quisieron salirse de sus trabajos. Algo me convenció de seguir la tradición y aquí estoy, ahora mis hermanas me re venden las bebidas.”

Bebidas medicinales nos precisa Benedicta. “Porque llevan Viche que es el guarapo que sale de la caña de azúcar ya destilado, así que no hace nada de daño, es como el agua ardiente artesanal del pacífico.”

Usadas para diversos fines como desvanecer quistes, quitar la migraña, tratar los problemas de próstata, quitar el dolor de huesos, sanar mordeduras de serpientes. Sus bebidas 100% naturales combinan cuarenta plantas y hierbas medicinales, con el borojo, anís, canela, y lo más importante: los ingredientes secretos de su madre.

“Cuando preparo las bebidas me pongo bata y turbante, prendo el equipo para que suene música del pacífico y de pronto me siento conectada con mi madre. Claro que ya no uso piedra de moler, ni ollas de barro. Ahora tengo licuadoras.” Nos cuenta entre risas mientras limpia su vitrina y empaca más productos, porque pronto deberá partir a ferias a vender.

“Conseguir clientes fue lo más duro. Al principio salía por todos lados, a todas las ferias, luego empecé a ir a tocar puertas a restaurantes y así he logrado que usen mis bebidas”, nos cuenta orgullosa mientras etiqueta más botellas.

“Mi abuelo se llamaba Benedicto igual que yo y para diferenciarnos a mi me decían Donbe y ahí quedó el nombre de bebidas artesanales DON BE”, nos explica al tanto que ordena sus productos, todos diversos y fascinantes: Bebidas artesanales Arrechón, Tumbacatre, Crema de Viche, Tomaseca, Viche Cura’o, Viche Puro y Mermelada de Borojó, Aceite de Coco, Cocadas, Cucas y Dulce de Coco.

Con su letrero DON BE de fondo nos dice tras una pausa, “ya me siento capaz de dar continuidad a mi tradición y sacar adelante mi negocio. Heredé la valentía y fuerza de mi mamá. De hecho cuando ella se estaba muriendo y demoraba tanto en partir y descansar, el médico nos dijo que era por que su alma estaba dura de salir de su cuerpo, porque era una mujer que había luchado mucho.”

Y así es Benedicta, luchadora, imbatible y férrea conservadora de su patrimonio cultural.

Nos despedimos de Benedicta, su negocio crece y se afirma cada vez más. “Sueño en diez años más con tener una empresa grande y que de mucho empleo a muchas personas”, nos dice. Seguramente lo logrará. Mujeres como ella merecen poder alcanzar sus sueños.

Benedicta retoca su turbante repleto de colores, la vemos alejarse con su sonrisa luminosa, su convicción, sus deseos de compartir con el mundo las bebidas que por siempre hicieron las mujeres de su familia y las de tantas más, por tantos años, junto al legado guapireño al lado del pacífico mar.