Cecilia: “Siempre pa’lante, porque en todo camino habrá una flor.”

Por Gabriela Verdugo Weinberger

El día en que Cecilia logró ahorrar doscientos soles para construir un baño en la choza de su madre, recordó que una fuerza inusitada corría por sus venas, esa fuerza que tienen las mujeres que nacen y renacen varias veces en la vida. Mujeres imbatibles, que se dicen a sí mismas “estoy bien”, porque saben que en su camino siempre habrá una flor creciendo desde lo imposible, que brindará color para encantarse y avanzar.

Voleibolista y política peruana, Cecilia Roxana Tait Villacorta nació el 5 de marzo de 1962 en Lima. Cecilia es una de las deportistas más célebres de su país; memorables son muchos de sus logros deportivos, como el triunfo obtenido con la selección nacional durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988. En ese año, la selección de Voleibol de Perú se alzó con la medalla de plata y Cecilia fue reconocida como la mejor jugadora del certamen.

Apodada como la “zurda de oro”, fue descubierta a los 14 años, desde ese momento empezó a alternar sus estudios con la práctica del deporte.

La primera vez que Cecilia renació fue a sus trece años. “Trepaba el muro de la casa del terreno en que mi mamá tenía una casucha, en el barrio Nueva Esperanza en el distrito de Villa María del Triunfo, en Lima. Me escapaba, e iba a jugar a los paraderos (las cuadras) y terminaba hasta en el paradero once jugando volei. Antes de las seis de la tarde debía retornar veloz, porque si me sorprendían en la calle, me golpeaban en castigo.”

Cecilia nos cuenta que su pasión por el voleibol era como un imán que movilizaba a su inusual cuerpo, largo y espigado.

Un día trepando el muro de sus escapes ocurrió lo impensado. “Teníamos silo (pozo séptico), porque no había baño, y un día al regresar a casa tropecé y caí dentro del silo. Sentí pavor porque era como una arena movediza de heces que me intentaba tragar. Sentía que todo el cuerpo me ardía. Además me empezaron a picar muchas cucarachas. Trataba de salir pero era imposible. Si no es por mi pelo rizado lleno de zambos, jamás me hubiera salvado. De pronto apareció mi hermano, me jaló de los cabellos y me sacó del silo.”

Cecilia, suspira y ríe. “Es que me ha pasado de todo en la vida”, nos dice.

“En ese instante, sentí que nacía de nuevo. Toda adolorida, picada y con heridas. Pero nacía otra vez”.

Hija de padre afro peruano y madre blanca. Cecilia supo a temprana edad de discriminación y burlas. Su gran porte jamás la hizo pasar desapercibida. Muchas veces le gritaban ‘negra, ándate a la mierda’. Pero Cecilia sonreía y con decisión confrontaba replicando “de allá vengo, yo estuve en la mierda y acá estoy”.

A sus trece años, Cecilia ya tenía claro que nada la detendría en la vida.

“Estaba tan decidida que le dije a mi mamá: algún día te haré una casa y esta casucha no la verás mas y ella me dio un cachetón que aun recuerdo. Es que ella cargaba con mucha tristeza porque la vida siempre le costó mucho. Además que a ella la martirizaban por haberse metido con un negro, por haber tenido hijas negras y más encima una hija como yo, que era el vivo retrato de mi padre”.

La certeza de que el Voleibol cambiaría su vida se instaló tempranamente en ella. “Gracias al volei soy lo que soy” nos dirá más adelante.

Pronto descubrieron el talento de Cecilia para el voleibol. “Me llevaron a un colegio pensión. Cada día debía caminar 2 kilómetros para llegar al estadio a entrenar.”

Cecilia caminaba por opción. Decidió ahorrar el dinero que le daban para el bus. En unos meses logró juntar el equivalente a doscientos soles.

“Doscientos soles para mi eran una fortuna. Con ese dinero le hice a mi mamá un baño con losetas blancas y aluminio”.

A los 18 años obtuvo un contrato con Japón. Esa vez el sueño de construirle una casa a su madre se hizo realidad. “Le encargué a un arquitecto la edificación y le pedí que conservara el baño y que hiciera la casa en función de ese baño.”

La mamá de Cecilia falleció hace dos años en sus brazos. El baño sigue ahí. Intacto. Cecilia muchas veces lo contempla para no olvidar su infancia y juventud.

Triunfos, éxitos, fama y la posibilidad de salir de la pobreza, fueron algunas de las cosas que obtuvo Cecilia en su senda de disciplina deportiva. Sin embargo, su retiro fue temprano. Una lesión en su rodilla precipitó todo.

“Yo no decidí retirarme, me retiraron”.

“Fui a Alemania a recuperarme de mi rodilla, ahí me enamoré de mi fisio terapista y nos casamos el año 1993. Perdí dos bebés. Cuando me dije ‘ya no tengo mas bebés’ salió mi Laura”.

Cuando Laura cumplió siete años le dijo a Cecilia: “mamá, compra una hermanita en el supermercado, pero que sea niña por favor”. Cecilia ya separada de su primer marido conoció a un periodista californiano. “A los seis meses nos enteramos que esperábamos a Luciana”.

Hoy, escucharla hablar de sus hijas, es sin duda escucharla hablar de su mayor logro en la vida.

“Quiero hijas libres, felices e independientes. Laura, la mayor, ya se recibió de diseño gráfico empresarial y fotografía. Luciana, la menor, terminó la secundaria y ahora parte a estudiar a Estados Unidos. Somos una familia de tres. Un gran matriarcado. Además tengo a mi hija perrita: Nala.”

Cuando contactamos a Cecilia desde el equipo de Mujeres Con Todas Las letras, tuvimos gran nerviosismo por saber qué opinaría al ver su ilustración y al leer el cuento protagonizado por Baldomero en que se cuentan detalles notables de su vida.

“Me contaron sobre un libro que visibiliza a mujeres que te inspiran. Pero tenía mis dudas. Porque pensaba que para que algo te inspire debe ser algo fuerte, enorme. Pero al leer el libro me conmoví y me sorprendí.”

“La historia de mi letra es bella y simple. Es este niño Baldomero junto a su abuela en que todo resulta cautivador. Y empecé a leer el libro. ¡Y quería más! Quería saber más de Baldomero, más de su abuela. Son personajes entrañables que conectan mucho. Es un libro de escritura sencilla y directa, que sabe ubicar muy bien a sus personajes”.

“En Mujeres Con Todas Las Letra-z la palabra inspiración se aplica literalmente. Es un libro totalmente inspirador.”

Cecilia nos cuenta que leyó el cuento de su letra en dos ocasiones. Junto a sus hijas que “se maravillaron”. Y junto a sus mejores amigas que “quedaron fascinadas con la historia”.

Cecilia emocionada, nos comparte un mensaje de su hija menor: “No podría estar más orgullosa de ti y no sabes cómo es la sonrisa que tengo por ver el libro y la parte que en que sales tú. A pesar de lo duro que ha sido este tiempo para ti, esto realmente demuestra que en todo camino siempre hay una flor. Creo que este libro marca el comienzo de una estadía en un camino lleno de flores.”

“Hace 8 años tuve cáncer”, nos confiesa. “Fueron 4 meses terribles. En ese período mi hija Luciana se resfrió y por lo tanto no podía verme en persona. Ella entonces me miraba desde la puerta y lloraba porque no podía entrar a abrazarme. Un día me dejó bajo la puerta una carta con una flor que decía ‘en todo camino siempre habrá una flor’. Desde ese día, ese es nuestro lema de vida. Y de hecho, cuando caminas por la calle y está todo sombrío, siempre encuentras una flor que crece desde la nada, entre el cemento.”

Cecilia luego de su cáncer se separó nuevamente. “Una decisión tranquila y para mejor. Es bueno separarse para estar mejor.”

Congresista hasta el año 2016. Actual rostro de la televisión peruana. Cecilia además se encuentra escribiendo su libro auto biográfico que lleva por título Mi vida a mi manera.

Y de manera increíble, Cecilia en sus agitados días, encontró tiempo y energía para cumplir otro de sus sueños: abrir el Centro de atención a la mujer “Tait estoy bien”.

“Se llama así porque yo tengo capacidad de decirme eso: estoy bien. Y salgo adelante: Pa’lante.”

El centro de terapia física y rehabilitación, trabaja junto a mujeres que vienen superando alguna situación traumática. Se trata de un espacio en que pueden recibir apoyo multidisciplinario, yoga, atención psicológica y psiquiátrica.

Le preguntamos a Cecilia por las Mujeres Con Todas Las Letras de su vida.

“Tengo a mi hermano del alma y corazón. Él es un famoso comediante que es portador VIH y desde que lo supo, nos hemos dedicado a ayudar a otras personas transmitiendo que no hay que sentir miedo y que hay que seguir adelante con la vida. Además ayudamos a mujeres y hombres para que se hagan prueba del sida. En el camino de estar brindando esa ayuda, me dio cáncer. Siempre nos decimos que somos de un club especial, al que nadie invitó a entrar. Poseemos una membresía que no podemos devolver.”

“También tengo a mis amigas y a mis hijas. Ese es mi mundo de mujeres con todas las letras. De mujeres que reímos, que adoramos y disfrutamos la vida, que viajamos y que siempre encontraremos en el camino una flor que ilumine nuestra senda”.

Cecilia vuelve a suspirar. Pareciera que en su pausa se detiene a contemplar las flores de su camino.

Así es Cecilia. Nuestra letra C en Mujeres Con Todas Las Letra-z. Una mujer resiliente, que como muchas en Centro y Suramérica se levanta una y mil veces, iluminando todo a su alrededor, logrando lo increíble, tejiendo una red de apoyo para que más mujeres descubran su fuerza poderosa y transformen sus vidas diciendo a todo pulmón: estoy bien y sí salgo adelante.