IDEA VILARIÑO Y SUS DIFERENTES AMORES

Por: María Alejandra Ríos Sánchez

Era Uruguay, 1940, y los campeonatos de fútbol inundaban los radios y periódicos de la ciudad. Las letras pasaban desapercibidas ante una década llena de armas, polarización mundial que terminó afectando al planeta entero. Justamente en América Latina, y finalizando la Segunda Guerra Mundial surgió la Generación del 45 como una fuerte contracultura de la época: un grupo de escritoras y escritores de Montevideo que marcaron la literatura y dejaron importantes esquemas narrativos, como el monólogo interior. Entre tantas mentes brillantes estaba ella, una joven delgada de mirada profunda y cortante, con cabello oscuro y manos delicadas; una mujer que sin saberlo, marcaría la historia de la literatura uruguaya.

Poeta, crítica literaria, maestra, escritora, compositora de tangos, amante de la música, amante de las letras, amante de la vida.

Cuando era niña Idea Vilariño solía enfermarse constantemente, y a medida que pasaba el tiempo, el cuidado por sí misma empezó a crecer, cuidaba mucho su piel y su imagen, tratando de no contagiarse de ningún resfriado por pequeño que fuera. Su presencia se sentía al llegar a las casas de reuniones de la Generación, y aunque era una de las escritoras más jóvenes, tenía un estilo literario llamativo y peculiar, en el que se podía ver el particular uso que le daba a los versos cortos y a las metáforas. 

Idea empezó a escribir desde muy joven, llevando un diario que le ayudaba a aclarar sus pensamientos; con tachones y lápiz casi indescifrables, sus diarios se publicaron años después de su fallecimiento.

Las letras eran su refugio, como las hojas de un árbol para un ave indefensa. En el papel expresaba todas sus penas y alegrías, escribía de amor y desamor, de la situación en su país y de sí misma y aunque no haya dejado miles de poemas publicados marcó a una generación con la profunda carga de tristeza, alegría, desolación y amor que llevaba dentro a través de las letras. 

La uruguaya fue una de las fundadoras de la Revista Número, publicación de escritos literarios que salía casi cada año con poemas, crónicas, entrevistas, cuentos, entre otros. En esta revista escribieron varios autores conocidos, como Mario Benedetti. En este espacio y en la década de los 50 no era común ver mujeres en el ámbito editorial y literario, Idea abrió un espacio para escritoras que quisieran publicar y ser escuchadas.

Idea fue de muchos amores: amor por la poesía, por la academia, por la revista, y también por Juan Carlos Onetti, un hombre que la hacía escribir y llorar. Onetti fue un “amor monstruoso” como ella misma lo dijo en su documental “Idea”, pues estuvieron enamorados más de 20 años a pesar de que nunca vivieron juntos ni se casaron. Onetti tuvo tres esposas, pero nunca se separó de Idea. 

Se escribían cartas. Él le dedicaba novelas, ella le dedicaba poemas. De hecho su libro “Poemas de amor” publicado en 1957 dice en la primera página “A Juan Carlos Onetti”. A veces uno se quedaba en la casa del otro y no salían, se les olvidaba el paso del tiempo. Tomaban vino y leían hasta quedarse dormidos. Aquí un poema que da claro ejemplo de estas visitas a escondidas, visitas que parecían eternas:

Un huésped

 

No sos mío no estás

en mi vida

a mi lado

no comés en mi mesa

ni reís ni cantás

ni vivís para mí

somos ajenos

y yo misma

y mi casa

sos un extraño un huésped

que no busca no quiere

más que una cama

a veces.

Qué puedo hacer

cedértela.

Pero yo vivo sola.

Por medio de esta relación Idea logró expresar sus sentimientos y soltar a un hombre que era de una u otra forma tóxico para su vida, en sus letras se mostró el abanico de emociones y la fuerza con la que lo dejó atrás.

Este amor fue y será uno de los más importantes de la literatura latinoamericana. Idea lo visitaba en Madrid, en donde falleció más de diez años antes que ella. Cuando ella decidió no volver a verlo, le escribió “Ya no”, su poema más famoso hasta ahora, el cual ha sido inspiración para cortometrajes y títulos. 

 

Fragmento “Ya no”

 

Ya no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú. Ya no estás

en un día futuro

no sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

Idea amó el tango y la música protesta, tanto que escribió la letra de la canción “Los orientales” interpretada por Los Olimareños y tocada en plena dictadura en los años 70 y 80. “Y porque siempre los pueblos saben romper las cadenas” dice esta canción llena de resistencia y coraje. 

El amor monstruoso de Idea Vilariño hacia la poesía y la literatura permanecerá en América Latina, como el de muchas mujeres, para quienes su historia sigue invisible.  Recordamos a esta escritora como una de las voces de resistencia más importantes para Uruguay y todo el continente. Idea es toda una Mujer Con Todas Las Letras.