MICROBIOS EN EL CORAZÓN, ENTREVISTA A ÁNGELA RESTREPO

Por: Equipo Mujeres con Todas las Letras

En la 13a edición de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín hablamos con Ángela Restrepo, una de las primeras mujeres microbiólogas en Colombia y quien cuenta con una vasta carrera como investigadora, científica y docente. Su trabajo investigativo se basa en la microbiología con énfasis en enfermedades producidas por hongos, su diagnóstico y tratamiento. En esta ocasión nos contó cómo llegó al mundo de la ciencia. 

Ángela, una mujer ya entrada en años cuenta con sus ojos brillantes y llenos de emoción como empezó este camino de la ciencia y de los microscopios, con ayuda de alguien muy especial, quien le daría los primeros impulsos para entrar a un laboratorio. 

 MCTLL: ¿Qué o quién la motivó a ser microbióloga?

El mundo microbiano entró de lleno en mi vida cuando aún era una niña de 5 o 6 años de edad. Mi abuelo paterno, el médico Julio Restrepo Arango, tenía su consultorio en la casa. Cuándo sus muchos nietos pasábamos de carrerita a saludarlo, uno visualizaba en el consultorio una caja mágica que llamaba poderosamente mi atención por ser dorada. Al preguntarle a las tías que era este aparato, me dijeron que era un microscopio. En seguida llegó la segunda pregunta “¿Y eso para qué sirve?” A lo que me respondieron “para ver los microbios que su abuelo cura con los remedios que él mismo prepara en su farmacia”.

Cuando estaba más grande, como en cuarto de primaria, el profesor de fisiología Eduardo Baca me recomendó un libro que se llamaba “Cazadores de microbios”, este libro estaba compuesto de referencias bibliográficas de hombres que habían hecho grandes descubrimientos en el campo de las enfermedades infecciosas, la cosa más entretenida del mundo. 

Me gané una beca en la Agencia para el Desarrollo Internacional y me fui seis meses a hacer un magisterio. En la clase de física empecé a sacar ceros y ceros; me fui entonces a hablar con el profesor quien me había llevado allá y él encontró una solución. Había una estudiante que estaba terminando la tesis y que aceptó reunirse conmigo a estudiar los sábados y domingos, y gracias a eso pasé raspando la materia. 

Entré a la escuela de graduados y pensé haber tocado el cielo con las manos, los laboratorios de esa universidad eran una melodía. Había todos los instrumentos que uno veía retratados en los catálogos; todas las cosas raras que no se encontraban en otro lugar. En ese laboratorio me encontré con Bill Wallis y me dijo: “Ángela, yo sé que usted se esfuerza pero nosotros estudiamos muy distinto, ¿quiere que le ayude?”, entonces eso fue la delicia de las delicias, pues con su ayuda pasé los exámenes muy bien, algo que de otra manera no hubiera podido hacer. 

Ángela siempre ha estado soltera y nunca se ha sentido sola porque siempre ha cumplido con sus aspiraciones: “Si yo hubiera tenido un novio, un amor, un marido, tal vez hubiera sido muy distinta mi vida y, por eso no digo, que tristeza que no me casé. Yo creo que hay caminos de sublimación que pueden correr por cauces muy distintos a los usuales.  Cuando una estudiante se me acercó a decirme que lo que quería era hacer ciencia, yo le dije que le iba tocar dejar el marido porque la ciencia es muy celosa y no acepta compañía”.

MCTLL: ¿Cuál cree que es el reto más difícil que debe enfrentar una mujer que se dedica a la ciencia en un país como Colombia? 

El reto más difícil es lograr estar tan enamorada de la ciencia, o, en mi caso, de los microbios, que nada ni nadie logró jamás apagar el deseo inmenso que  experimenté de conocerlos, de aprender sobre su existencia y también, de dedicarme a su estudio.

 

El hecho de ser mujer nunca “estorbó” tales planes y no conocí lo que era la discriminación por género, que tanto ha afligido a otras mujeres. Por el contrario, fui acogida como igual por los profesionales médicos con los cuales trabajaba en una Facultad de Medicina. Me pedían que hiciera cultivos, que revisara a los pacientes, que hiciera el diagnóstico y gracias a ese trabajo se estableció una cooperación muy interesante entre los clínicos del Hospital San Vicente y el laboratorio de nosotros.

 

Fueron tres o cuatro años de una lucha inmensa para conciliar algo que a mí me satisfacía, que le servía a los estudiantes y que le servía a los pacientes quienes llegaban con diagnóstico de tuberculosis. Luego descubrí que no era tuberculosis, que era una enfermedad con la que he trabajado más de cuarenta años. 

 

MCTLL: ¿Hubo alguna mujer que la inspiró en el recorrido por la microbiología? 

Claro que sí. Se trató de una mujer valiente que participó en la pasada guerra mundial como piloto y que en su vida diaria, fuera laboratorista sin mayores estudios académicos pero quien con su inteligencia, habilidades de comunicación y deseo de servicios, se distinguió como gran colaboradora y artífice de pruebas diagnósticas de laboratorio que permitieron diagnósticos tempranos de muchas enfermedades causadas por hongos.

MCTLL: ¿Qué mensaje le dejaría a los niñas y niños que quieran dedicarse a la ciencia? 

Que se dejen atraer por el mundo maravilloso de la ciencia. Que reconozcan el valor de la pregunta al contemplar las bellezas que Madre Naturaleza pone a nuestra consideración. Valorar lo que representa detectar las diferencias entre dos o más individuos aparentemente idénticos. Cuestionar los resultados de observaciones que parecen ser discrepantes. Aceptar el reto de querer profundizar más en algo que a primera vista  parece ser de interés. No alzar los hombros para significar que esto o aquello no interesa: reflexionar sobre lo que atrae nuestros sentidos para tratar de explicarlos. Nunca aceptar la opinión de los adultos que tratan de poner fin a sus continuas preguntas sobre asuntos de la vida diaria. Eso de que ya todo es conocido y las respuestas deben encontrarse en los diccionarios no es verdad pues siempre quedan resquicios que permiten agudizar la inteligencia en búsqueda de respuestas…

Ángela es un claro ejemplo de dedicación y pasión por su trabajo, nos ha enseñado a esforzarnos por las cosas que nos llenan de alegría y nos motiva a seguir trabajando por esta historia. Derribó estereotipos en el campo de la ciencia al momento de estudiarla en una época en que pocas mujeres lo hacían. 

Ángela es una inspiración para muchas niñas y niños que quieren empezar en el mundo de la ciencia y por todo esto…

¡Ángela es una Mujer con Todas las Letras!