Sonia Ramón: “muchas mujeres están siendo valientes en la escritura”.

Por Gabriela Verdugo Weinberger

Conocimos a Sonia Ramón Velásquez entre libros. En los pasillos bañados de sol y escritura de la Librería del Centro Cultural Gabriel García Márquez en La Candelaria, Bogotá. Y más tarde en la conmemoración de los diez años de existencia del Colectivo Literario La Lupita, que integra junto a otras cinco escritoras. Nos encantamos con sus ojos intensos y su atuendo de negro y piel. Luego quedamos prendadas en su escritura luminosa.

Recientemente obtuvo el segundo puntaje más alto con su novela “Negro, puro y amargo” en el Premio de Novela Elisa Mújica de Colombia. Así que tuvimos ocasión y excusa perfecta para contactarla nuevamente.

Negro, puro y amargo es una novela breve que cuenta un día en la vida de dos personajes, un hombre y una mujer, dueños de una rica imaginación, llenos de suposiciones, de ansiedades más propias de la adolescencia que de la adultez; son amantes del arte y del placer. La idea vino a mí hace exactamente cuatro años en un trayecto en bus de Colonia a Montevideo; escuché a un hombre en la silla de al lado hablar con alguien que parecía su exmujer. Ese fue el comienzo de un pensamiento que fue creciendo, abreviándose, mudándose de un lado a otro. Luego vino a mí la imagen de una ciudad bella y llena de arte, con pocos habitantes, más adelante la de un hombre solitario que quiere consagrar su vida a escribir cartas y por último, la imagen de una mujer dedicada a impartir clases de escritura creativa a púberes y a hornear pastelitos de hachís en compañía de su perro. Lo puse todo en la coctelera y obtuve esta novela en la que trabajé durante tres años”, nos precisa.

Sonia es profesional en Publicidad, especialista en Creación Narrativa y egresada del Taller de Escritores, de la Universidad Central.

Nos cuenta que desde muy chiquita estuvo loca por las palabras, “supongo que se debió a que mi padre recitaba poemas de día y de noche por toda la casa. En primaria, durante las clases de español y literatura el corazón me latía más rápido, me aprendí las conjunciones a una velocidad apabullante porque en mi cabeza eran una suerte de trabalenguas; además creo que es importante decir que en esa época mi libro favorito era el diccionario. Luego, en primero de bachillerato leí Canción de Navidad de Charles Dickens y desde entonces todo cambió. Quedé deslumbrada, tanto con el acto de leer una novela, como con la historia del señor Scrooge y los espíritus de la navidad. Me marcó el descubrimiento de esa intimidad que podía crearse entre dos mentes tan distantes en tiempo y lugar, en este caso, la de un novelista inglés de la era victoriana con la de una niña bogotana de clase media a finales del siglo veinte”.

Le preguntamos por cómo ha vivido el ser escritora, teniendo que enfrentar obstáculos abundantes, como lamentablemente suele ocurrir en ámbitos explorados por mujeres.

La escritura es un oficio que no tiene sexo, raza, nacionalidad, edad, clase social, nivel educativo. Escribir es un acto humano. Las mujeres han estado ahí, desde el comienzo de los tiempos, solo que en la sombra. Al mirar la historia de las mujeres en la literatura encontramos que la única manera posible de dedicarse al oficio era ser monja o firmar con un seudónimo masculino. Sí, la historia nos ha mostrado, y el presente nos sigue manifestando que nosotras debemos enfrentar más obstáculos que los hombres. Muchas mujeres están siendo valientes al dedicarle más tiempo a la escritura, y por otro lado, las editoriales están apostándole cada vez a las obras escritas por mujeres”.

Su análisis se extiende cuando le pedimos que nos explique su punto de vista sobre el rol de la literatura en la sociedad actual.

Los libros, la literatura y el conocimiento nos hacen más sensibles, más comprensivos, más empáticos con la realidad de los otros. Son esenciales en la vida. Los libros cumplen múltiples papeles en la sociedad, pero creo que el más importante se halla en su poder de ampliar nuestra visión de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos, del mundo que nos correspondió. Vivir sin libros y sin literatura es una forma de pobreza”.

“Leer nos ayuda a conocer y a comprender el mundo. Los libros nos dan luz, oscuridad, realidad, ficción, preguntas, respuestas, magia y entendimiento. Hay silencios que pueden ser muy peligrosos, pero ahí están los libros para ampliar nuestra visión del mundo y la escritura para mostrar la nuestra forma de verlo. Creo que es esencial que niños y niñas sepan que los libros tienen que ver más con la libertad y con la imaginación, que con intelectualidad e imposiciones académicas. Hay una iniciativa que admiro mucho, en Bogotá existen clanes creados por el Instituto Distrital de las Artes IDARTES que son espacios de creación artística para niños y jóvenes para la excelencia académica y la formación integral. Ojalá en Colombia y en Latinoamérica existieran más escenarios como este”.

Sonia vive en las letras no solo para la creación personal. Es una escritora habitando trincheras de ideas y palabras. Su cruzada bella por brindar asesorías, la tiene hace ya cinco años compartiendo su conocimiento para que más personas sumen escrituras al universo y den vida a anhelados libros.

“Estos acompañamientos son para mí como un viaje en tren; mis clientes no viajan solos, yo voy con ellos. En estos años de trabajo como asesora me he conectado aún más con la condición humana, con el entendimiento de la necesidad de contar, de narrar, de acabar con ese tipo de silencio que crea incomodidad, dolor o frustración. De alguna forma, soy un puente que une a quienes buscan mi apoyo, con su idea, con sus palabras, con sus recuerdos más profundos, con su propio estilo… hasta que pueden llegar al libro con el que han soñado. Todo comenzó hace diez años con una pregunta del reconocido publicista Germán Puerta Zuluaga: “¿Te gustaría participar en la escritura del libro de las experiencias del relacionista público bogotano Fernando Corredor Gaitán?” Fernando (Q. E. P. D) era un hombre con una vida y un sentido del humor excepcionales, que contaba sus historias llenas de hilaridad en clubes, restaurantes, casas de amigos. El libro se publicó cuatro meses después bajo el título Doce cuentos, doce. Relatos, faenas y otros ajetreos. Unos años después, bajo la gestión de Evaristo Obregón Garcés, una gran persona y educador, nos embarcamos Fernando y yo en otro proyecto literario llamado Mi vida con el cangrejo que vio la luz en 2010. Luego realicé algunos trabajos como escritora fantasma que me dejaron también muchos aprendizajes; entre otros, interpretar y poner en palabras las experiencias, sensaciones y sentimientos ajenos. Trabajar como escritora fantasma me mostró una nueva forma de empatía, una más intensa, más comprometida, más consciente”.

Sonia en México junto a muñeca de Chavela Vargas.

Negro y piel son sus códigos favoritos. Le consultamos a Sonia si existe algo de juego literario en su imagen.

“Si hay un juego allí no es algo consciente. Lo que sí es muy claro para mí es que tengo una relación estrecha con el color negro, incluso lo escribí en un tweet hace unas pocas semanas. ‘Chocolate negro, fichas negras, humor negro, café negro, cuervos, los zapatos, el teléfono negro; la melena, las chamarras de cuero, la lencería, el maquillaje de los ojos, la tinta, el vestidito, la cerveza, la masa del pastel. La oscuridad vive en todo lo que me gusta’. Supongo que eso significa que me encanta esconderme. El color negro lo asocio también con el drama, con lo secreto y lo íntimo. Me visto de negro incluso para estar en casa y para dormir”.

¿Dónde estaría tu mejor árbol imaginario para sentarte a leer lo escrito y para deshojar escrituras nuevas?

“Mi árbol estaría Chocofantasy, una utopía que inventé hace unos años y que puse en un texto. El árbol bajo el cual leo es rojo y mediano, sus ramas livianas se mecen y me traen una brisa dulce. Chocofantasy es una suerte de villa inspirada en las fotos que he visto de la Toscana (Italia) y de las imágenes que me dejó Charlie y la fábrica de chocolate, tanto el libro de Roald Dahl como la película de Tim Burton. Este es el texto completo: En Chocofantasy los recibos de pago de los servicios públicos llegan en primorosas cajas de cartón estampadas con diminutos puntos de colores, y no son más que láminas de chocolate blanco marcadas con tu nombre, además de un valor simbólico en caligrafía espiralada. En Chocofantasy los políticos son figuras huecas de tamaño real elaboradas con chocolate amargo y los árboles rebozan de gomas y caramelos, que al ser arrebatados por los ladrones pueden renacer de inmediato para que así nadie perciba la diferencia. En Chocofantasy los niños que lloran en los recitales se pueden callar con una orden telepática, y son en realidad, ovejitas de masmelo que luego se pueden disfrutar acompañadas por un buen vaso de leche fría. En Chocofantasy el mayor hastío radica en comer más de catorce almendras confitadas, y el único grupo de adictos que existe es el de los fans de los brownies. Allí la hondísima pena que ocasiona la muerte pasa a ser de lo más llevadero gracias a las altas dosis de azúcar que ingieren los dolientes que generalmente heredan tres o cuatro chalets-mazapán, una casa-trufa mediana de lujo en mitad de la montaña, además de una considerable provisión de bombones rellenos de licor y cubiertos de frutos secos”.

Nos quedamos en Chocofantasy por largo rato. Es un espacio bello para estar y permanecer. Desde ahí le pedimos a Sonia que nos hable de sus Mujeres Con Todas Las Letras, de las mujeres valiosas que la inspiran.

“Almudena Grandes dejó huella en mí con Las edades de Lulú. También recuerdo que tenía una agenda llena de textos y dibujos donde puse algunos poemas de María Mercedes Carranza, y de Olga Elena Mattei. Luego llegó Margarite Duras con El amante. De ahí en adelante he conectado con la poesía impúdica de Anne Sexton y con la prosa descarnada de Lionel Shriver. Ahora ando en la tarea de descubrir poco a poco las obras de Marvel Moreno y de Margaret Atwood”.

Mención aparte tienen su madre y las mujeres de su autoría.

“A mi madre, Sofía Velásquez, se lo debo todo. Su apoyo permanente, su fe en mí y su inmenso amor han sido lo más importante en mi vida.”

“En mis textos las mujeres disfrutan tanto de la soledad que terminan por crear un mundo independiente. Es como si necesitaran de una burbuja para poder ser. Selma Rocca es la protagonista de un cuento que escribí el año pasado, ella tiene siete hijos, un exmarido que todavía ronda, un padre que la aconseja, clientes, en fin, pero Selma prefiere construir un mundo aparte a través de la cocina y de la pintura. Lydia es otro de mis personajes, una profesora de creación literaria que vive en una casa en el campo con su marido y su perro, ve a menudo a sus alumnos, pero al igual que Selma, necesita de la soledad y del silencio como del aire. Muchas de ellas tienen un hondo dolor que mastican entre libros, preparaciones culinarias y aislamiento. Las mujeres que he construido en mis textos prefieren la soledad, el arte y el placer”.

Pareciera que la soledad sobre la que construye a sus mujeres en sus textos, es la misma soledad que la acompaña en sus escrituras. Desde su estudio las únicas compañías posibles son Bach, imaginar algún placer culinario que luego concretará en la cocina, y agregar otro placer a su día con que sumará más amor.

Sonia es de hábitos matinales. Al igual que una fardela negra, lista para volar, lista para migrar por mundos literarios. Sonia arranca su día muy temprano.

Autorretrato en trapo, 2016.

“A las seis de la mañana preparo el desayuno para mí y para Alfredo, mi novio desde hace quince años, mi esposo desde hace diez, y lo tomamos en la cama. Él me cuenta sus historias y yo las mías, nos reímos como locos y jugamos como los niños que todavía somos. También preparo el almuerzo de ambos. Cocinar es para mí una manera esencial de expresión, una de mis formas favoritas de la libertad. Luego viene la siesta del desayuno, en la que, por lo general, escucho las composiciones musicales que me llegan al fondo del corazón y visualizo personajes, es el momento de il dolce far niente. A las ocho más o menos me siento frente al computador, reviso correos y textos mientras escucho a Bach o alguna banda sonora. Pienso en los personajes de mi próxima novela porque no voy a dejarle todo el trabajo a mi inconsciente. En la tarde sigo escribiendo o me dedico a la creación de algún muñeco de trapo, porque también entrego una parte de mi tiempo a coser a mano y a crear escenarios con personas y personajes del mundo del arte. Como palomitas de maíz que huelen tan sabroso y están llenas de antioxidantes; me he venido reconciliando con el café, de modo que estos últimos días he estado cediendo a la tentación de una tacita en la tarde. Salgo poco de mi casa, confieso que la calle me pone nerviosa. Cuando lo hago, es sobre todo a reuniones de trabajo que disfruto tanto como las salidas al cine, a teatro o a caminar con Sandra, mi amada hermana, somos como gemelas, ella es mi cómplice en todo. Me parece que mi vida es una suerte de confinamiento entre fogones y libros. Cada día me parezco más y más a Sor Juana Inés de la Cruz. A propósito, una frase de sor Juana: si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”.

Finalmente le pedimos a Sonia que nos detalle sus próximos proyectos y sueños.

“Tengo algunas páginas escritas de mi tercera novela, y cada día se me aparecen más imágenes de sus protagonistas, supongo que obedeceré a esta historia y en unos años estará en mis archivos. Para diciembre espero que podamos tener el lanzamiento de libro de cuentos Flores y gusanos del colectivo literario La Lupita. En cuanto a sueños, me gustaría escribir una obra de teatro a cuatro manos. Me gustaría tener una columna sobre gastronomía. Me gustaría trabajar proyectos de escritura creativa con mujeres víctimas de violencia sexual. Me gustaría ir con mi madre a Cancún. Me gustaría ir a conocer España e Italia el próximo año. Me gustaría ir a Isla Negra, a Viña del Mar y a Santiago. Me gustaría tomarme un café con Juan José Millás. Me gustaría mudarme a Chocofantasy”.

Ahí nos quedamos. En Chocofantasy. Qué duda cabe: todas y todos soñamos con algún tipo de “chocofantasía”, infantil, juguetona, inquieta, imposible, amable, y que tenga árboles o lo que deseemos para sentarnos a construir todo lo que soñamos.

Dejamos a Sonia, una creativa Mujer Con Todas Las Letras. Sabemos que pronto tendremos más de su escritura para volar. Como fardelas negras, con vuelo valiente por todo el continente, dejando huellas de historias y literatura en cada rincón.