Catalina, experta en terapia comunitaria: “Todas y todos somos iguales al emocionarnos”

Por Ignacia Imboden Fernández y Gabriela Verdugo Weinberger.

Catalina Baeza Cárdenas deja huellas indelebles. Si caminara por una playa seguramente el mar nunca borraría sus pisadas. Su voz amable y serena regala calma en todo instante. Todo es acogida en ella.

La vida la tuvo en Brasil muchos años. Tres décadas para ser exactas. Y en uno de esos instantes en que la vida pone pruebas intensas para cruzar al otro lado del río de los dolores, Catalina, psicóloga de profesión, recibió una invitación que cambió su vida para siempre.

“Estaba en un momento de mi vida emocionalmente muy fuerte y me invitaron a asistir a una instancia para vivir un momento que llamaban ‘cuidando a quien cuida’. Las psicólogas nos cuidamos poco entre nosotras, así que como iba a asistir junto a colegas me animé. Así fue como participé por primera vez de una terapia comunitaria.”

Catalina quedó encantada con la técnica. “Me di cuenta que era justamente lo que yo quería hacer en la vida”.

El sueño de implementar las terapias comunitarias en Chile fue creciendo en Catalina incluso antes de retornar a su país natal. El año 2011 junto a Verónica Virgilio Caballero, actual presidenta de la Corporación Escuchar, que se había formado junto a Catalina en Brasil,  golpearon un sin fin de puertas.  En un inicio los esfuerzos se encadenaron: Verónica buscaba alianzas en Chile para lograr concretar el sueño y Catalina viajaba a Chile una vez al mes vez y junto al equipo que fueron conformando avanzaron inclaudicables para lograr implementar las terapias comunitarias.

“Sin la ayuda y el trabajo incesante de Verónica no lo habría conseguido”, nos indica Catalina, quien agrega, “después formamos a un grupo pequeño y hoy tres de ellas son directoras de la Corporación también.  Somos un equipo y sin ellas, no se habría conseguido casi nada.  De hecho, el programa que estamos implementando hoy en Recoleta es fruto del trabajo de Verónica, Cristina, Yasna, Maria José y yo”.

Catalina y su equipo decidieron cambiar el nombre de terapias comunitarias a círculos de escucha y empezaron a encontrar un creciente interés que las tiene hoy con más de 950 círculos de escucha realizados, 10 mil participantes en los últimos años y un plan en marcha con 24 círculos en la comuna de Recoleta en la capital de Chile.

Nos llama la atención que solo mujeres integren la Corporación Escuchar, de la cual Catalina es Directora. Ella solo sonríe, sabe que un regalo de la vida las hizo confluir a todas ahí. “Todo este trabajo es fruto de un equipo de mujeres”, nos dice orgullosa.

“Los círculos de escucha son una invitación a salir del individualismo, para empezar a encontrar a la gente que me rodea, en mi barrio, en mi contexto cercano o bien encontrarme con alguien que comparte mi dolor”, nos precisa Catalina.

Descrita como una herramienta de intervención psicosocial, la terapia comunitaria nació en Brasil con el psiquiatra y antropólogo Dr. Adalberto Barreto. Se trata de instancias que fortalecen los vínculos sociales, impactan en la disminución del sufrimiento mental, en la reducción del estrés, conflictos y la violencia en las personas y comunidades. En Brasil estas terapias ya han mostrado  efecto directo en los servicios primarios de salud logrando disminución de atenciones y tratamientos asociados a sintomatología de depresión, ansiedad y estrés, razón por la que fueron declaradas política pública de salud en varios estados de Brasil.

“Los círculos tienen una idea, una imagen y respeto por la sabiduría popular”. Elemento que se hace más palpable cuando le consultamos a Catalina si los círculos se relacionan con las raíces de nuestros pueblos originarios. “Yo hace muy poco tiempo me enteré que en la cosmovisión mapuche hacen el mismo método, el mismo respeto a la conversación, a la horizontalidad, considerando que el otro también puede ayudar, en una dinámica grupal en que las relaciones de poder simplemente no se dan.”

Pareciera que la sobre exigencia del ritmo de vida actual no dejara tiempo ni energías para sumarse a un círculo de escucha. Sin embargo Catalina nos detalla que resulta muy interesante ver cómo afecta positivamente el encontrar un lugar de pertenencia, donde las personas pueden hablar y ser escuchadas.

“Hablamos en primera persona, respetamos el silencio para escuchar. Los consejos no están permitidos, los sermones, las interpretaciones. Eso ya establece un modo de funcionar que te libera para hablar porque sabes que estás en un espacio protegido.”

“Nos interesa dar a conocer que cada quien posee un recurso diferente para salir del dolor. Y también nos interesa celebrar la vida, como por ejemplo que hay sol, que me reuní con alguien querida o querido.”

Revisamos junto a Catalina parte del registro de los cientos de círculos de escucha que ha efectuado junto a su equipo. Nos llama la atención la masiva presencia de mujeres. “En términos culturales existe una mayor exigencia en los hombres de no afectarse, de no conectarse con este tipo de emociones y existe un permiso cultural para las mujeres para conectarse, e incluso acoger con las emociones.”

Catalina nos explica que la empatía social surge como un concepto revelador que marca diferencias sustantivas, como notar la ausencia de una vecina porque no ha sido vista en la panadería del barrio, o lograr organizarse para ayudar a vecino o vecina adulto mayor que requiera apoyo por enfermedad.

Escuchamos con atención a Catalina. Sus palabras son regalos de pausas para reflexionar sobre la vorágine y propósito de la vida.

“Trabajé en Brasil a través del Ministerio de Salud, participé en instancias de formación de terapeutas en contextos de extrema violencia, miseria y calamidades. Pero lo más poderoso que aprendí es que todas y todos somos iguales al emocionarnos. Es impresionante lo idénticos que somos al emocionarnos.”

“Los círculos de escucha me han regalado la posibilidad de relacionarme con otras personas de manera generosa, amable, respetuosa, comprendiendo que el otro tiene mucho para enseñarme.”

Estrés, sufrimiento en general, insomnio, rabia, conflictos familiares, abandono, violencia, abuso. Esos suelen ser los temas que quienes participan en los círculos de escucha solicitan abordar.

Nadie debe pedir hora, nadie debe pagar por asistir. Los círculos de escucha funcionan con horarios fijos en espacios conocidos de la comuna que se van dando a conocer mayoritariamente por el boca en boca.

El 26 de septiembre, un nuevo círculo iniciará funcionamiento en la comuna de Providencia en Santiago, en Félix Cabrera 14, of 51 a las 19 horas.

Promoción de salud, formación de terapeutas de modo de aportar a la conformación de redes sanas para una mejor salud mental comunitaria. Escuchar, acoger, darnos cuenta que no estamos solas, comprender que dejarse atrapar por la emoción a veces no nos permite salir de un dolor, mirar a quien tenemos al lado y conmovernos con su historia, tomar lo mejor de los demás. Muchas conclusiones para un modelo de salud que impresiona y que nos invita a relacionarnos con empatía y amor.

“Siempre estamos dispuestas a hacer un círculo donde nos llamen o requieran”, nos señala en el momento en que nos despedimos. Y no lo dudamos, Catalina irradia acogida e inspira.

A buscar sus huellas en la arena. Y a buscar las huellas propias. Quizás es así como avanza la vida con todas y todos. Con nuestras pisadas esperando pacientes a que regresemos a abrazarlas, para atesorarlas y compartirlas.